Propuesta de Daniel Florez - Agenda.

Nuestro amigo Daniel Flórez nos envía la siguiente propuesta. Ya le di todo mi apoyo -que no es nada con el apoyo ya conseguido. Se las comparto a todos los interesados:


Agradezco de antemano a Jorge Fabra por concederme un espacio en su conocido Blog, para exponer muy informal un tema que hace algún tiempo vengo discutiendo con él y otros compañeros en la Universidad de Cartagena en relación a lo que debiera ser la “agenda” de los estudios jurídicos en la Latinoamérica contemporánea.

Mi nombre es Daniel Florez, soy estudiante de 4 año Derecho en la Universidad de Cartagena, actualmente coordino el Grupo de Investigación de Filosofía del Derecho, Derecho Internacional y Problemas Jurídicos Contemporáneos (el cual en su momento coordinó Jorge). El problema o tema de discusión es el siguiente, ¿Qué tan útil o necesario es en contextos periféricos mantener las categorías o distinciones entre teoria jurídica, sociología del derecho y iusfilosofia? Esta pregunta tuvo repercusiones inmediatas en el problema del método, en las teorías jurídicas generales y particulares y en últimas en el problema de qué es el derecho.

Expondré brevemente mi posición. Desde una lectura materialista de la sociedad los cambios en el derecho y el Estado obedecen a las condiciones concretas de existencia de los sujetos que estos regulan y por tanto generan la ficción del jurídico y del Estado sobre ellos mismos (asociados). En ese orden de ideas; y muy en sintonía con las posiciones positivistas (Hart, Coleman y Himma), analítico-marxistas (Elster), así como con lecturas como las de Peter Häberle, entre otros muchos, considero que el derecho no es una entidad supra-histórica, sino todo lo contrario, un artefacto o constructo humano y por tanto, expresión de condiciones materiales de existencia. En ese sentido, el derecho interpreta y proyecta una totalidad de vivencias e inclusive de aspiraciones existentes en una colectividad social en un momento histórico determinado y manifestado en una forma política.

De lo anterior queda claro una especie de situación relacional entre el derecho, la historia, la economía (condiciones materiales de existencia) y el Deseo (aspiraciones, prejuicios o traumas proyectados a la colectividad social). La relación con el primer termino (historia) me parece que desde Duverger, Duguit, Hesse y Haberle queda por sentado, sin desconocer ni descalificar las aproximaciones analíticas al derecho, aunque personalmente considero que el objeto cognoscible del estudio jurídico analítico al ser descontextualizarlo es del todo inventado por el mismo sujeto cognoscente, en ultimas lo que el jurista analítico describe no es otra cosa que su propia noción de derecho.

En relación al segundo término, me parecería muy ingenuo y romántico el jurista que considere que el derecho determina sin más las condiciones económicas -sin caer en economicismos (neoliberales o marxistas ortodoxos, como ejemplo de los primero servirán algún sector de los law and economics y de los segundos algunas interpretaciones althusserianas). Considero que entre derecho y economía “debería” presentarse una relación dialógica mas que pura y simple determinación, tal cual como me parece que podría presentarse en los actuales tiempos, principalmente por ser el derecho generado a partir de procesos políticos los cuales demandan un considerable gasto económico (piénsese en los gastos de campaña de alguno de los tristemente celebres congresistas de Colombia, quienes luego eligen a los magistrados de la “principal corte” en Colombia). Y, también, por el hecho de que el derecho regula condiciones materiales de existencia las cuales en último grado se encuentran determinadas por situaciones y relaciones estructuralmente económicas, por lo que la economía toca al derecho tanto en su génesis como en su consumación.

Ahora bien, es con el tercer término donde se calentó mas el debate. El Deseo (desire), y, sin matricularme con los filósofos posmodernos del deseo y con Lyotard como el filosofo del deseo por antonomasia, considero que al interior del fenómeno jurídico existen implícitamente relaciones consientes e inconscientes, que permiten que el derecho sea reproducido al interior del tejido social y que sea entendido como natural y necesario, en ultimas para sea acogido de generación en generación. Esta dimensión simbólica del derecho se da a partir de la construcción de subjetividades y la redefinición del lenguaje socialmente aceptado. El derecho habla mi misma lengua, él me dice cosas que debo hacer y que no debo hacer; no lo veo pero se que existe, el simplemente está ahí, yo lo creé sin embargo sin él no soy persona y si no soy persona que soy?, cuando compro un dulce, cuando me caso con mi novia, cuando educo a mis hijos, cuando escribo este post él esta presente y se me muestra como el posibilitador de cada uno de estos actos pero estoy seguro que todos los actos enunciados existían antes de que el los sumergiera en su “matrix”, el derecho autoritariamente unidimensionaliza la totalidad de las practicas sociales traduciéndolas a su lenguaje haciéndose a sí mismo el único orden simbólico posible. Como se podrá ver, con dimensión simbólica me estoy refiriendo a algo tangencialmente distinto a lo que hace algún tiempo vienen tratando profesores como García Villegas, Pierre Bourdieu y Boaventura de Sousa Santos, se trata de otra cosa, mi intención no es responder a la pregunta antológica del millón de “¿Que es el derecho?” sino otra distinta que según me parece es socialmente mas relevante aunque alimente menos el ego del erudito del derecho que cree poder conocer la naturaleza del derecho, la pregunta es “¿Qué piensas tú cuando dices “esto es Derecho”?, es mucho mas pragmática pero sobre todo mucho mas relevante en la medida en que permite dar cuenta de como y cuales son los medios para trasmitir de generación en generación valores como la justicia, la libertad y la igualdad. Como es que las generaciones actuales piensan y por tanto crean un mundo cualitativamente distinto al pensado y creado por generaciones pasadas, pero ojo! Todo cambia pero el derecho como el celebre Gatopardo cambia, y cambiando hace que nada cambie, y mientras nada cambia totaliza mas y mas…

Pero no es lo único punto de controversia, por que si el derecho es un producto de condiciones materiales de existencia, eso querría decir que no existe un derecho universal, todo derecho es necesariamente cultural y particular, ya que un derecho creado en condiciones distintas al de su aplicación será como el caso del leon que por creerse un labrador, coma comida de perro diariamente, el leon vivirá algún tiempo pero inexorablemente llegará el día en que este muera por problemas de nutrición; el resultado es el derecho es análogo, esta situación se traducirá no en otra cosa que en una ausencia de reconocimiento de los ciudadanos hacia sus instituciones democráticas, ejemplificado en fenómenos tales como la ineficacia del derecho, la corrupción, el clientelismo y el poco arraigo de las normas jurídicas en la sociedad que pretende regular siendo estos fenómenos determinantes al interior del conflicto que sin duda alguna, tal como al leon nos llevarán a la muerte. Pero este fenómeno tema del famoso libro Teoria Impura del Derecho del joven jurista colombiano Diego Lopez Medina, nunca se produce como Lopez pretende, en virtud que lo que él denomina Teoria Transnacional del Derecho, no solo es una teoria ingenua e inofensiva (Un libro de derecho no es tan es tan solo un libro, no es lo mismo un libro que explique como se hacen los panes que uno que diga como se hacen las sentencias), es mucho mas que eso, se trata de un discurso de poder, y los discursos de poder no “viajan” o son “copiados” como plantea Lopez, los discursos de poder representan una forma de ver la realidad de entender el mundo y de entendernos nosotros mismos, en conclusión los discursos de poder siempre son impuestos. En eso consiste el segundo tema de discusión, el primero como se vio se trata de incluir en la disciplina jurídica un marco categorial psicoanalítico, específicamente lacaniano que permita dar cuenta de cómo opera el derecho posmoderno al interior de las subjetividades que este regula, crea y reproduce. Y lo segundo es la necesidad de construir teoria jurídica aplicando un método similar al que Marx expone en El Capital, consistente en pasar de lo abstracto a lo concreto, en otras palabras de la filosofía general (Europea) a la Filosofía Latinoamericana (Pensamiento Decolonial o estudios Poscoloniales) y de esta a la Teoria Jurídica Latinoamericana, que sea expresión de nuestras condiciones particulares de existencia en un dialogo sur-sur con países periféricos (en Africa y en Asia), pero valorando los grandes e importantes desarrollos de la teoria jurídica del centro sin perder de vista que tal como lo dijera Darío Echandía, “algo va de Dinamarca a Cundinamarca”.

Considero que a través de Lacan, Levinas, Dussel, Mignolo, Castro-Gomez, Santos, Guardiola, Douzinas, Gordon, Zizek y Negri nos podemos permitir pensar en un Derecho de Latinoamérica antes que en un Derecho para Latinoamérica. Sin dudas para construir este discurso primero hay que mostrar como los silencios y las formas en que estos discursos del centro son recibidos conducen y determinan un estado de cosas inaceptable y a partir de este punto, una vez probada su insuficiencia practica (sociología jurídica) poder pensarnos a través de nuevas categorías concretas (teoria jurídica) luego sujetar a las mismas a un minucioso examen critico mostrando sus deficiencias y señalando sus potencialidades (filosofía del derecho). De lo que se trata en últimas es de atrevernos a pensar en que es posible alcanzar lo que Max Horkheimer en la línea iniciada por Sócrates denomino “el más invaluable e importante conocimiento”, este no es otro que el CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO.
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