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Como Colombia: Xavier Díez de Urdanivia

Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia[Perfil]
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Como Colombia

Una semana más, rica en noticias. Estremecedoras unas, como ya casi nos acostumbramos a que sea, otras que escandalizaron a las buenas conciencias, celosas como son, en su bondad incorruptible, de la inefable “soberanía”.

Entre estas últimas resaltó, indiscutiblemente, el comentario que hizo la secretaria de Estado de los Estados Unidos, lamentando que México, en su concepto, se esté pareciendo a la Colombia de hace veinte años.

La palmaria ignorancia de nuestra realidad y el notorio aislamiento que caracteriza a la que debiera ser “comunidad iberoamericana”, se hicieron manifiestos en el coro de protestas y quejas por esa “insolente” actitud de la señora Clinton ¿Cómo se pudo atrever a tanto?

Surgieron voces y reacciones desde el PAN y el gobierno que hasta provocaron un mentís del mismísimo Presidente Obama, quien contradijo a su propia secretaria de Estado, diciendo que esa semejanza resulta imposible en virtud de que México es una democracia consolidada, que lucha por mantener incólumes las instituciones y por eso se bate contra la delincuencia.

¿Significan las palabras de Obama que en Colombia no priva la democracia? ¿Por qué tanta indignación provoca la posibilidad de parecernos a Colombia?

A decir verdad, la señora Clinton, en el contexto de lo dicho por ella, se refería al estado de cosas que en México mucho se ha lamentado, precisamente porque hay regiones y zonas fuera del control gubernamental -del “estado”, se dice, y por eso se habla de un “estado fallido”- como buena parte de Michoacán, Tamaulipas, Durango, Ciudad Juárez y quizás otros que no aparecen todavía en el tablero de control.

Las similitudes aludidas a eso se ciñen, y me parece que no están muy lejanas a la verdad, verdad que, para ser honrada cabalmente, tendría que dar cuenta también del curso doloroso y arduo que los colombianos todos han tenido que recorrer para sobrevivir, primero, a un azote muy similar al que hoy nos acongoja a los mexicanos, y remontar después, con gallardía y eficacia, las condiciones más que difíciles que esa situación produjo.

¿Quiso decir Obama que en Colombia no hay democracia? En pocos lugares como en Colombia se puede apreciar una lucha tan intensa a favor de la equidad -de todo tipo- y las libertades que configuran la médula de los derechos humanos, esencia de la democracia.

¿Se refería a la “democracia formal”? Acaba de atravesar Colombia por un proceso de renovación presidencial que no estuvo exento de vicisitudes políticas y jurídicas, que se resolvió conforme a la Constitución y las leyes vigentes, por las instituciones jurisdiccionales preestablecidas y sin más sobresaltos que los que son habituales en la política democrática.

Desde la educación –como se ha reseñado aquí mismo- y desde complejas, pero bien diseñadas y ejecutadas políticas públicas, se han rescatado para la vida civilizada -con todo lo que ello implica- zonas que antes eran tierra de nadie y hoy son centros de convivencia de muy alta calidad.

Así ha sucedido en Bogotá, en Medellín y muchas otras regiones rurales, urbanas y suburbanas, que se han sometido a procesos de renovación que no pretenden -y esto es lo importante- ser ciclos acabados, sino caminos perdurables en pos de la dignidad de los seres humanos que las habitan.

Esa es, según me parece, la perspectiva acertada: Concebir el desarrollo como un proceso continuo, como un camino ascendente que no termina; quien, al contrario, lo piense como una meta final, cuando crea haber llegado a su marca se dormirá en sus laureles y se hundirá en el retroceso.

Pensémoslo bien y estudiemos el caso complejo de Colombia, conozcamos a los colombianos, pongámonos en su lugar y entonces, sin sobresaltos ni soberbia, preguntémonos si no vale la pena parecernos, en esa actitud, a Colombia.
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