LA RELIGIÓN Y EL ESTADO (A propósito de una columna reciente de Mauricio García Villegas).

En una pasada columna manifesté mi opinión en contra de cierta definición de corrupción dada por Mauricio García Villegas y Catalina Ruíz Navarro (ver aquí). En esta ocasión, quisiera referirme a su última columna respecto a la relación entre moral y Estado. Me parece que este es un tema importante para la filosofía del derecho, uno sobre el cual debería debatir la comunidad académica.
Para García Villegas, la Iglesia se equivoca al criticar los matrimonios del mismo sexo, especialmente al apelar a lo que denomina morales maximalistas, las cuales, en su opinión, “Tienden a reducir la sociedad a su mínima expresión, es decir al conjunto de personas que piensan como ellos.”  Por el contrario, sugiere García, las morales minimalistas, “optan por una sociedad amplia y abierta.”  Al primer conjunto de morales correspondería la Iglesia, al segundo la Corte Constitucional.
Esta moral cívica es privilegio, continúa García, de aquellos lugares en los que triunfaron las revoluciones liberales y se dio un fuerte divorcio entre la Iglesia y el Estado.  En nuestros países, en cambio, “Nos quedamos con la regla del amor al prójimo, reducida a los ámbitos familiares, y sin la regla cívica. Resultado: la cultura del respeto de lo público nunca prosperó.”
La posición de García Villegas, aunque común entre muchos autores, es, en mi opinión, problemática desde la teoría política y la historia, por las siguientes razones:
1.      Los países liberales en los cuales existe una gran cultura cívica y una Iglesia divorciada del Estado quizás solo existan en la imaginación de García Villegas ¿Está la religión divorciada de la política en Estados Unidos, por ejemplo? Un país en el que su antiguo presidente afirmaba, sin consecuencias políticas o jurídicas, que él prefería gobernar guiado por La Biblia y no por la Constitución ¿Creen ustedes que será posible en el corto plazo un presidente ateo estadounidense, o que a nivel federal se permita casarse a las parejas del mismo sexo?
¿Se refiere acaso a Inglaterra? Un país que no tiene Corte Constitucional, ese templo del civismo del que habla García. Por lo demás, el matrimonio entre parejas del mismo sexo, que es en últimas sobre lo que trata el artículo de García, está también prohibido en el Reino Unido. Por no mencionar que en Inglaterra la jefa de Estado es tabmién “Gobernadora Suprema de la Iglesia de Inglaterra.”
¿Se estará refiriendo a Alemania? Una sociedad en la que el 70% de los ingresos de sus iglesias es recaudado por el Estado a través de los denominados impuestos eclesiales ¿Se imaginan en Colombia a la Dian recogiendo impuestos para la Iglesia de Darío Silva, por ejemplo? Solo en el 2001 Alemania comenzó a permitir las uniones civiles para las parejas del mismo sexo, las cuales todavía ni pueden casarse, ni gozan del derecho a adoptar menores.
Tal vez García se referirá a Francia, el país de la revolución liberal por antonomasia, un país que se ha esforzado en divorciar religión y política. El problema, sin embargo, es que allí el matrimonio entre parejas del mismo sexo tampoco es legal.
Es interesante recordar que solo en 2001 fue aceptado el matrimonio entre parejas del mismo sexo en Holanda, país que, quizás, sea el único paraíso liberal que cumple con las descripciones de García Villegas.
2.      No es cierto que una moral minimalista tenga por necesidad que ser intolerante, como lo plantea García. Para Rawls, por ejemplo, quizás el pensador liberal más importante de finales del siglo XX, las visiones omnicomprensivas (lo que García llamaría maximalistas) son importantes para crear el consenso traslapado de las sociedades liberales. De hecho, Rawls no sugiere una moral que remplace a las visiones omnicomprensivas, sino una que expresa los acuerdos entre dichas valores, el espacio donde ellas se entrecruzan.
Ahora bien, es cierto que para Rawls no sólo debe existir una fuerte separación entre la Iglesia y el Estado, sino que los argumentos exclusivos de estas visiones omnicomprensivas no pueden usarse en la esfera pública. No obstante, esto no significa que las visiones moralistas maximalistas sean negativas, o perjudiciales, o incluso que atenten contra el Estado.
3.      Por último, la visión de García Villegas sobre la Corte Constitucional es, como decirlo…, casi que religiosa. Pensar que una institución por el rol que cumple en la sociedad es capaz de garantizar una moral cívica, tal como la pregonada por García, es un acto de fe ¿Qué sucedería si los próximos magistrados desean expandir esa moral maximalista que tanto asusta a García Villegas? ¿Pensaría lo mismo de la Corte Constitucional?
Déjenme advertir algo para terminar. Estoy de acuerdo con García Villegas en que los argumentos de cierto tipo de moralidades religiosas no deben ser usados en la esfera pública. Creo que esta es la mayor contribución del liberalismo. También estoy de acuerdo con defender el matrimonio entre las parejas del msimo sexo. Lo que no comparto, sin embargo, es la sospecha que las morales maximalistas por definición impliquen una tendencia, “A reducir la sociedad a su mínima expresión.”  De hecho, creo que las morales maximalistas también son importantes para los ateos. Defender la laicidad de la esfera públia, no significa que tengamos que desprendermos de la importante discusión sobre cuál es la mejor forma de vivir. Mucho menos significa que la respuesta a esta pregunta implique tomar posiciones intolerantes (Déjenme sugerir aquí un video de Alain de Botton en el que muestra lo importante de morales maximalistas para la via de los ateos).
Coda: Me pregunto, ¿Debería la academia colombiana manifestarse sobre las constantes y continuas violaciones al secreto del sumario que cotidianamente pasan en Colombia?
Por: Andrés Molina Ochoa


Publicar un comentario