Dworkin Encumbrado

Por Andres Molina Ochoa, andres.molina.1974@gmail.com

Con la muerte de Dworkin, las hipérboles abundan para hablar de sus “grandes” e “importantes” contribuciones a la teoría jurídica contemporánea. Incluso, no falta quien diga que es el autor más influyente en Colombia, desde la Constitución de 1991.[1]
La verdad, Dworkin fue un autor muy leído, pero de ahí a probar que fue un gran teórico o un filósofo influyente hay trecho  muy grande. Cualquiera puede afirmar que uno u otro escritor han sido muy influyentes, pero eso, en realidad, no dice nada ¿Cómo podemos medir la influencia de uno u otro escritor?, ¿Por citas? ¿Por libros sobre el tema? Uno puede hablar y escribir mucho sobre un autor al que jamás ha entendido. En el caso de Dworkin, en Colombia hasta se han escrito, por ejemplo,  ladrillos extrañísimos como el que escribiera Rodolfo Arango[2] que tiene como característica más importante que carece casi por completo de citas de primeras fuentes cada vez que habla de Hart. Para entender a Dworkin, Arango creyó más conveniente leer a Gadamer. Pero eso no importa, ya Diego López nos enseñó que el misreading es la forma de entender la teoría jurídica, así que aquí todo vale.
Claro, no faltará quien diga que la influencia de Dworkin en la Corte Constitucional es grandísima y citarán sentencias tras sentencias en las que se hablan de principios y “ponderación.” Lo dirán quienes no se hayan percatado que la noción de principios de la Corte es la de Alexy y no la de Dworkin, y que al estadounidense le parecería absurdo eso de otorgar números en una extraña ecuación para decidir cuál principio deberá aplicarse. Pero bueno, eso tampoco importa mucho, porque gracias a muchos constitucionalistas colombianos, los principios en Dworkin, Alexy, MacCormick son lo mismo y no hay que preocuparse en ver las sutilezas y diferencias entre ellos, al fin y al cabo, aquí todos somos felices, porque todos ponderamos.
Ahora bien, tampoco es que Dworkin sea muy importante en otras latitudes, hoy en día. Como decía recientemente Brian Simpson en Reflections of the Concept of Law[3] Dwokrin era como una foca resbaladiza, cuando uno lo critica por una tesis que defiende, inmediatamente cambia de posición. Así sucedió en The Model of Rules I II. Cuando uno lee el primero de los artículos,[4] uno descubre que todo lo dicho sobre Hart es falso, que el resumen que presenta del positivismo jurídico es peor que el que haría un mal alumno de primer semestre y que las que críticas que esgrime son contra un Hart que nunca existió. Cuando lo criticaron por sus afirmaciones, Dworkin escribió la segunda versión, una crítica totalmente diferente, aunque disfrazada del Model of Rules I, porque lo importante es no reconocer que se estaba equivocado. Dworkin es de hecho famoso por tergiversar los autores que ataca, incapaz de enfrentarse a autores sólidos, escoge la versión más débil de ellos, la caricatura contra la que sí se puede contradecir. Como dice Leiter en forma jocosa, Dworkin critica a Coleman por querer una teoría jurídica independiente, aislada de otras disciplinas, justo al revisar un ensayo en el que Coleman examina las bases filosóficas de la responsabilidad extracontractual,[5] pero bueno, así era Dworkin.
Tampoco es que Dworkin haya sido muy original. La crítica más importante a Hart, la que en realidad cuestiona los problemas metodológicos del positivismo, ya había sido planteada con muchos más sólidos fundamentos por esa obra clásica que es Natural Law and Natural Rights,[6] pero Dworkin parece tener una inclinación fácil para citar para criticar y no para reconocer sus influencias.
Quizás por todo eso Simpson y Nicola Licey[7] sugieren que en Oxford consideraron un gran error la elección de Dworkin, uno de los peores de Hart. Por eso, quizás su teoría cada vez pasa más al olvido en el mundo anglosajón, tal como reseña Thom Brooks en una muy interesante reciente reseña.[8]
Claro, a Dworkin hay que enseñarlo, porque como decía Brian Leiter[9]  hoy es necesario que la filosofía del derecho recoja la basura (debris) que regó . Pero de ahí a decir que era un gran teórico del derecho o una figura influyente, es tanto como creer que El Derecho de los Jueces no es una obra formalista, solo porque fue escrita por un autor que niega serlo, pero eso es otra historia sobre la que hablaré en otra oportunidad.



[1] Ver: http://www.ambitojuridico.com//BancoConocimiento/N/noti-130214-10(ronald_myles_dworkin_1931-2013)/noti-130214-10(ronald_myles_dworkin_1931-2013).asp
[2] Rodolfo Arango, Hay Respuestas Correctas en el Derecho? (Siglo del Hombre Editores, 1999).
[3] A. W. Brian Simpson, Reflections on «The Concept of Law» (Oxford University Press, USA, 2011).
[4] Ver el comentario de Shapiro al respect, Scott Shapiro, The «Hart-Dworkin» Debate: A Short Guide for the Perplexed, SSRN Scholarly Paper (Rochester, NY: Social Science Research Network, 7 de marzo de 2007), http://papers.ssrn.com/abstract=968657.
[5] Brian Leiter, Beyond the Hart/Dworkin Debate: The Methodology Problem in Jurisprudence, SSRN Scholarly Paper (Rochester, NY: Social Science Research Network, 23 de marzo de 2005), http://papers.ssrn.com/abstract=312781.
[6] John Finnis, Natural Law and Natural Rights, 2.a ed. (Oxford: Oxford University Press, USA, 2011).
[7] Nicola Lacey, A Life of H. L. A. Hart: The Nightmare and the Noble Dream (Oxford University Press, USA, 2006).
[8] Thom Brooks, «Dworkin and His Critics with Replies by Dworkin», The Modern Law Review 69, n.o 1 (2006): 140–142, doi:10.1111/j.1468-2230.2006.00579_8.x.
[9] Brian Leiter, Interview About Legal Philosophy, SSRN Scholarly Paper (Rochester, NY: Social Science Research Network, 17 de mayo de 2007), http://papers.ssrn.com/abstract=986606.
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