La Obediencia de García Villegas

Por Andres Molina Ochoa, andres.molina.1974@gmail.com

Al leer la columna de Mauricio García Villeas en El Espectador el pasado sábado, me sorprendió el siguiente párrafo (para leer la columna, presione aquí):

En los Estados modernos se hace todo lo posible para evitar que las personas se vean sometidas a dilemas morales en donde tienen que escoger entre lo que dice la ley y lo que dice su conciencia. Eso se consigue fortaleciendo la obediencia que se debe a las leyes (en principio, todos deben cumplir la ley, incluso cuando de ello se derivan consecuencias indeseables o injustas), lo cual supone, claro está, que el Estado haga un esfuerzo grande por hacer leyes justas, tener funcionarios honestos y castigar a quienes abusan del derecho

Por un momento, pensé que había leído mal, que mis lentes estaban dañados o que la pantalla tenía algún problema. No, Mauricio García Villegas, el buen teórico del derecho colombiano, defiende en una de sus columnas la obligación de acatar leyes así tengan consecuencias injustas
Lo primero que me sorprendió fue que lo dijera así, sin calificaciones, sin adjetivos, como si fuera lo mismo acatar una norma de tránsito a obedecer otra que demandara serias violaciones a los derechos humanos.  Dudo mucho que existan hoy en día teóricos del derecho que defiendan una posición tan extrema.  No los hay dentro del grupo de herederos del positivismo de Hart, quien en El Concepto de Derecho manifestó sin ambages que, “Lo que por cierto más se necesita para que los hombres tengan una visión clara al enfrentar el abuso del poder, es que conserven la idea de que al certificar que algo es jurídicamente válido no resolvemos en forma definitiva la cuestión de si se le debe obediencia.” [1] Tampoco para quienes siguen a Alexy, un filósofo famoso precisamente por argumentar en favor de la obligación de desobedecer las normas que son abiertamente injustas.[2]
Por un momento, pensé que García Villegas quería decir que los ciudadanos tienen la obligación de obedecer al derecho siempre, porque dados los valores constitucionales, las reglas jurídicas injustas sencillamente no son normas, pero es claro que eso no es lo que quiere decir. En la columna García habla de reglas, no de seudo-reglas o normas en apariencia que son injustas.
También me sorprende que  la afirmación de García Villegas se encuentre en una columna que comenta a Lincoln, la película de Spielberg que precisamente ilustra el no muy moral proceso que antecede a la creación de las leyes. Es curioso además, que lo haga justo en una edición de El Espectador en la que Paloma Valencia Laserna explica los habituales, tortuosos y moralmente oscuros laberintos legislativos y sólo unos días después de que el famoso Roy Barreras pidiera en público puestos al gobierno (para leer la columna, presione aquí), en aras de la “representación política.”
No obstante, lo que más me sorprende de la columna de García Villegas no es que contradiga la teoría jurídica contemporánea, sino que de premisas falsas y argumentos no concluyentes, derive una obligación tan estricta como la de acatar todas las leyes ¿Alguien creerá que es verdad que hoy se hace todo lo posible para evitar que las personas se vean sometidas a dilemas morales? ¿Pensará en eso Roy Barreras, el partido conservador, los acusados por la parapolítica? ¿Se sentarán los senadores por horas a reflexionar sobre el impacto que tendrán las normas que redactan en la moral individual de las personas? Por último, ¿si será cierto que fortaleciendo la obediencia que se debe a las leyes, se evitan los dilemas morales? ¿Será conveniente que esos dilemas morales no existan? ¿Qué razones da García Villegas para creer que al fortalecer la obediencia a la ley, el Estado se vuelve más justo? ¿Tiene alguna evidencia?
A mí me parece lo contrario. Creo que sociedades con ciudadanos obedientes como la alemana han generado Estados terriblemente inmorales. Pienso, además, como alguna vez sugirió Dworkin,[3] que la desobediencia civil puede ayudar a examinar el carácter moral de las leyes.
Pero bueno, quizás Mauricio García Villegas quiso decir otra cosa. A lo mejor, se refirió a otro tipo de leyes, a otro tipo de Estados, uno en el que no hayan Yidis, o Teodolindos, o Barreras, o parapolítica, uno, en últimas, muy distinto a aquél en el que vive el columnista.



[1] Hart, H. L. A., El Concepto de Derecho (Buenos Aires: Abeledo Perriot, 1963), 211.
[2] Robert Alexy y Jorge M Seña, El concepto y la validez del derecho (Barcelona: Gedisa, 1994), Primera Parte.
[3] R. M. Dworkin, Taking rights seriously (Cambridge: Harvard University Press, 1977).
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