Petzold-Pernía: Epicteto, Marco Aurelio, y los aduladores

Por Hermann Petzold-Pernía: hermannpetzold@gmail.com



                                 EPICTETO, MARCO AURELIO  Y LOS ADULADORES
                                                                                      Hermann Petzold-Pernía
                                      Todo se desvanece algún día, lo mismo quien celebra que el celebrado.
                                                                                                                            (Marco Aurelio)                               
    Toda persona que posee  poder político o económico atrae sobre sí una fauna de seres, a cual más repugnantes, que son los aduladores, y cuanto mayor sea ese poder como gobernante, empresario,  etc., tanto más numerosos serán los “jalamecates” que le rodearán.  Ahora bien, es precisamente la reacción del adulado frente a sus adulantes, lo que define su grandeza o pequeñez como ser humano, pues, es evidente que todo “jalamecate” lo que busca es obtener un beneficio o una prebenda como pago por sus adulaciones, ya que, como dice Marco Aurelio (121-180 d.C.), el “ambicioso pretende que su felicidad depende de otro” (Pensamientos de Marco Aurelio, (trad.), lib. VI, LI). Además, a este respecto escribe el también filósofo estoico Epicteto (50-117 d.C.): “Si no haces la corte a los grandes, ¿te tratarán como a quien se la hace con asiduidad? Si no sigues sus pasos, ni le diriges ninguna alabanza ¿esperarás ser preferido sobre quien se apega a él y continuamente le halaga? Querer conseguir gratuitamente estos favores, sin pagar su precio respectivo, sería por tu parte injusto y exigente. ¿Cuánto te cuesta la lechuga en el mercado? Un óbolo. No la tendrás sino es a ese precio. Luego he aquí un hombre que da su óbolo y recibe una lechuga; tú que nada has dado, nada recibirás. No por eso creas que debes quejarte más que él. Es verdad, que él posee la lechuga; en cambio, tú guardas el óbolo que no has dado. De esa forma, poco más o menos, es cómo debes razonar acerca del asunto que actualmente tratamos. ¿No has sido invitado a un festín? Es que no has pagado al anfitrión el precio a que vende su convite. Le vende a lo que vale una alabanza, una baja adulación. Si la cosa te conviene, paga su precio y la obtendrás; porque no querer dar nada y no obstante recibir, es más que pretensión: una locura. Mas si se te priva de asistir a ese festín, ¿no tienes algo que le reemplace? Al menos tú no has alabado a la fuerza a un hombre indigno de tus alabanzas; ni has tenido que soportar los humos y el tono que toma con aquellos que entran en su casa para ser admitidos a su mesa” (Manual de Epicteto, (trad.), XXV). Es decir, que el adulador paga con su servil comportamiento el beneficio que recibe, pero, generalmente, tanto aquél como el adulado se desprecian mutuamente, y pobre de este último si confía en el adulante, pues, gente de esta calaña es capaz de cualquier traición.
    Por otra parte, las tiranías son un excelente caldo de cultivo en el cual se generan y multiplican los aduladores, dado que a esto contribuye la intrínseca corrupción de aquéllas, aunque de todas maneras, como declara Marco Aurelio: “¿A qué clase de personas quieren complacer estos individuos? ¿Qué es lo que pueden ganar en ello? ¿Cuáles son los medios que emplean? ¡Ah! el tiempo no tardará en tragárselo todo; ¡cuántas cosas se ha tragado ya! ”  (lib. VI, LIX).
      
2 comentarios