Petzold-Pernia: Marco Aurelio y los Gobernantes

Por Hermann Petzold-Pernía: hermannpetzold@gmail.com




                                  CONSEJOS DE MARCO AURELIO A LOS GOBERNANTES
                                                        Hermann Petzold-Pernía/Profesor Titular de LUZ.
                               En todas tus empresas confórmate con lo que es justo; y en todos
                              tus pensamientos, detente sólo en lo que has concebido claramente.
                                                                                                         (Marco Aurelio)
       El filósofo estoico y emperador romano Marco Aurelio (121-180 d.C.) expone un conjunto de principios éticos que él mismo se impuso a fin de regir su propio comportamiento como jefe de Estado, y, que hoy en día, los gobernantes pudieran tener en cuenta al momento de actuar como tales. Es así que dicho filósofo declara: “Es necesario que un príncipe haga creer que piensa todo lo que dice, y que todo lo que hace es con buenas intenciones; que no le asombre ni le sorprenda nada, que no sea ni precipitado, ni lento, ni irresoluto, que su rostro no demuestre nunca ni abatimiento, ni fingida serenidad, y que no obre ni con desconfianza ni con irritación. Que se halle siempre inclinado a practicar el bien y a perdonar, que sea enemigo de todo embuste, y que estas virtudes parezcan haber nacido con el individuo, más bien que de un detenido estudio. Que nadie se crea despreciado por él, y que tampoco pueda creerse más hombre de bien. En fin, que todo su ser respire una bondad inefable” (Pensamientos de Marco Aurelio Antonino o Conversación de este príncipe filósofo consigo mismo, (trad.), lib. primero, XV, p. 8). Como se ve, en el texto que antecede, Marco Aurelio señala las virtudes o cualidades que, a su juicio, debe ostentar un buen gobernante y los defectos que debe corregir o atemperar, ya que, como más adelante insiste: “No abuses del título de César, ni te dejes corromper; desgracias éstas harto frecuentes. Procura, pues, ser siempre sencillo, bueno, formal, serio, justo, religioso, bondadoso, afable y constante en la práctica de tus deberes” (Op. cit., lib. sexto, XXX, p. 100). Y seguidamente describe las virtudes que caracterizaban a su antecesor, el emperador Antonino, y lo presenta como un modelo digno de imitación.
Es importante señalar que Marco Aurelio sostiene: “Cometer una injusticia, es cometer una impiedad” (lib. noveno, I, p. 165), y que está convencido que la condición humana del máximo gobernante de un país afecta indefectible el funcionamiento mismo del  Estado como un todo: “Lo mismo que tu personalidad de jefe hace del Estado un cuerpo entero, cada una de tus acciones debe procurar mantenerlo en perfecta integridad. Así, pues, si una sola de tus acciones se separa de cerca o de lejos de este objetivo, aísla tu vida de la del Estado. Ya no formas con él un solo todo; tu vida es sediciosa como lo es el hombre que, formándose un partido en una república, destruye su armonía” (lib. noveno, XXIII, pp. 175-176). Valga decir, que el gobernante que infringe los derechos humanos fundamentales de sus conciudadanos y se deja corromper en el ejercicio del poder que detenta, merece ser destituido y castigado como un vulgar delincuente, porque con su conducta criminal afecta la existencia misma del Estado.
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