Cualquiera no es doctor

Por Jorge Luis Fabra Zamora (jorgefabraz@gmail.com)

Una columna de opinión, de Margarita Orozco. Aquí. Del contenido:

A lo anterior se suma el hecho de que los doctores que llegan a trabajar en las universidades se sienten muchas veces decepcionados: han hecho una inversión económica y de calidad de vida importante  que hoy no se ve reflejada ni en un mayor salario, ni en más reconocimiento.   Se formaron como científicos de alto nivel y llegan a laboratorios vacíos en los que tienen que empezar por comprar lo básico.   Y para colmo, su jefe les dice que deben “rebuscarse” los recursos para investigar, lo cual es quijotesco en un lugar en donde sólo se invierte el 0.2% del PIB en proyectos de investigación y desarrollo.  
Los doctores son científicos que sueñan con solucionar los problemas del futuro y sin embargo, están atrapados en la dictadura de clases y los cargos administrativos de las universidades. Menos de un 1% trabaja en la administración pública y pocas empresas privadas están  dispuestas a pagar su sueldo para desarrollar proyectos de innovación.  De esta manera, investigar, que es su vocación natural y para lo que se formaron, se convierte en una actividad secundaria, lo cual es por demás absurdo en un país necesitado de procesos de desarrollo.
Hace poco leí el correo de un jefe ordenándole a su equipo de trabajo referirse a él como “doctor”.  El remitente, que posee un titulo de pregrado de la “San Marino” y dice ser doctor sin que nadie tenga certeza de su grado, me puso a pensar como en Colombia nos hemos acostumbrado a “adular” a quienes no se lo merecen, mientras los verdaderos doctores trabajan en silencio, haciendo esfuerzos admirables con la esperanza de que el país salga algún día del subdesarrollo.  
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