Nuevo Libro: La Constitucionalización del Juez Administrativo en Colombia

Por Jorge Luis Fabra Zamora (jorgefabraz@gmail.com)

Les comparto la reciente publicación de La Constitucionalización del Juez Administrativo en Colombia del jurista Jean Paul Vásquez (Ibañez, 2015). Escribí uno de los dos prólogos que tiene este libro (el otro es de Enrique Gil Botero) y se los dejo más abajo:

El estudio realizado por el doctor Vásquez Gómez contiene un importante y trascendental aporte parala comunidad jurídica, al destacar el cambio de paradigma que debe asumir el Juez Administrativo, para quien es un imperativo dejar de lado su función como controlador de la legalidad de las actuaciones dela administración y asumir un rol de regulador de la constitucionalidad de las mismas, al aplicar normas con estructura de principio y reconocerque en algunos supuestos de hecho sometidos a su juzgamiento a través de las acciones ordinarias —juez de legalidad— se admite como se viene haciendo la aplicación directa de normas constitucionales.Un gran reconocimiento al Dr. Jean Paul Vásquez Gómez al permitir deleitarnos con la lectura de su obra, que sin duda alguna constituye un valioso aporte, en este apasionante tema de la constitucionalización del derecho administrativo. Enrique Gil Botero.

Contenido:
Contenido: CAPÍTULO I: neoconstitucionalismo, constitucionalismo contemporáneo y constitucionalizacion del derecho. CAPÍTULO II: manifestaciones de la marcha nazarena del juez administrativo en Colombia.




El prólogo que escribí: 

El Derecho Administrativo y la Metáfora: Entendiendo el fenómeno de la Constitucionalización del Derecho Administrativo

La Constitutionalización del Juez Administrativo en Colombia de Jean Paul Vásquez gira alrededor de dos metáforas. Con la primera metáfora, el autor presenta el marco conceptual. Jean Paul sostiene que la “trinidad” de términos con los que se ha buscado definir los recientes desarrollos del Derecho en Colombia —“constitucionalización”, “nuevo derecho”, “neo-constitucionalismo”—deben ser entendidos a través de la noción “constitucionalización” del derecho, “su persona verdadera”. La segunda metáfora, “el viacrucis del Nazareno”, trata de capturar la evolución de la jurisprudencia del Consejo de Estado en su intento de construir una doctrina constitucionalizada del Derecho administrativo. Jean Paul sostiene que la jurisprudencia nacional, como los nazarenos que pagan sus penitencias durante la Semana Santa, andan “dos pasos para adelante y uno para atrás”.

En su discusión de la “Trinidad Neoconstitucional”, el autor nos ofrece una ilustrada discusión de los términos con los que se ha definido el giro copernicano que aconteció en el universo jurídico nacional después de la promulgación de la Constitución de 1991: la ley y la interpretación formalista de ésta que eran el centro del universo jurídico, perdieron su lugar central y pasaron a ser un elemento más que gira alrededor del nuevo eje, la Constitución y la interpretación garantista de los derechos consagrados en ella. Pero, ¿cómo habremos de llamar y entender este cambio que influyó en todas las áreas del Derecho? ¿Es acaso un “nuevo” Derecho, una suerte de reemplazo del paradigma jurídico? ¿O es una nueva corriente , el “neo-constitucionalismo”, una tendencia que agrupa a diferentes doctrinas dogmáticas, ideológicas y políticas de diferente talante? ¿O es acaso el fenómeno más localizado de “constitucionalización del Derecho”, donde las doctrinas jurídicas están irrigadas directamente por el texto fundamental? Jean Paul rechaza los dos primeros términos—nuevo Derecho y neo-constitucionalismo— por su vaguedad y generalidad, y opta por el tercero, la Constitucionalización, que es una doctrina con efectos tangibles y observables.

La estrategia del autor me parece apropiada. Ésta tiene la doble virtud de registrar la seriedad de la pregunta—en tanto implica una modificación central a la concepción jurídica—, pero reconoce también la futilidad de las discusiones meramente lexicográficas y terminológicas. Un aspecto debe señalarse. Comenta Jean Paul que el fenómeno que el llama “constitucionalización” no sólo implica que las normas constitucionales irradian las normas inferiores (en este caso, las normas de Derecho administrativo), sino que también ocurre al contrario, es decir, que las normas inferiores irradian y determinan las normas constitucionales. Ello nos lleva a pensar sobre la profundidad de la modificación estudiada. Si el fenómeno no es sólo de una vía (de arriba hacia abajo), sino que el Derecho constitucional se impregna también del derecho administrativo, utilizar la etiqueta “constitucionalización” tal vez nos oculte la verdadera naturaleza de la profunda revolución en la práctica y educación jurídicas que ello implica. La idea más importante parece ser que las áreas tradicionales del derecho (“derecho administrativo”, “derecho constitucional”) se encuentran profundamente vinculadas entre sí, y hoy son más títulos pedagógicos y nombres de referencia que los cuerpos normativos distintivos y separados de los que se hablaba en el pasado. Así, ningún jurista puede pretender entender un área de un área particular sin una visión consilente de cómo las doctrinas de dicha área están influenciadas, y a la vez influencian, las posiciones de otros cuerpos normativos relacionados. Una virtud de la obra de Jean Paul es señalar los derroteros de esta revolución en el Derecho administrativo nacional.

La segunda metáfora, el viacrucis de la constitucionalización del Derecho administrativo, es una inmensa fuente de análisis y crítica de las grandes tendencias de éste cuerpo normativo. Jean Paul analiza en detalle varios asuntos de responsabilidad contractual y extracontractual del Estado, los mecanismos de control jurisdiccional y hasta de Derecho administrativo laboral. La idea central de la narrativa inspirada en las estaciones del Viacrucis católico es que cada gran avance que da la jurisprudencia nacional viene seguido por retrocesos. Es claro que para considerar un “avance” o “retroceso” a determinada posición jurídica, el autor presupone una concepción de lo que considera encomiable o valioso en una doctrina jurídica. Aunque no está explícita, se entiende que una posición es un avance en tanto proporcione una garantía mayor a los derechos constitucionalmente garantizados de los ciudadanos, y una posición es un retroceso en tanto menoscabe esos derecho, especialmente, por interpretaciones formalistas o estrechas de las normas jurídicas. Al final Jean Paul muestra varias falencias de la jurisprudencia administrativa actual. Aunque presenta algunas sugerencias para superarlas, él no intenta proporcionar una respuesta definitiva a los problemas. Creo aquí también, que esta es una estrategia acertada. No hay una solución global que aplique para todos los problemas. La gran moraleja de la metáfora del nazareno es que nos señala el reto para la nueva generación de administrativistas: estamos llamados a repensar los fundamentos conceptuales y político-morales del Derecho administrativo nacional, desde las particularidades de nuestra realidad. Esta re-conceptualización será, para seguir con la metáfora, la “resurrección” de este cuerpo del Derecho.  

Como Jean Paul toca muchísimos temas, es imposible hacer una valoración general de todos ellos. Sin embargo, sí es posible señalar algunos aspectos relevantes de la estrategia elegida, la cual, según entiendo, busca una superación de lugares comunes del análisis dogmático tradicional. Podemos presentar esta idea contrastando dos aspectos. En primer lugar, mientras el tratadista tradicional se centra comúnmente en la descripción de un tópico o área, el autor proporciona en este libro la narrativa de un proceso. Si bien la visión tradicional puede ser útil en algunos contextos propedéuticos, la estrategia es aislacionista en varios sentidos, pues pierde de vista el contexto y la historia de las doctrinas jurídicas, además de que ve a determinada áreas del derecho como compartimentos estancos que no se ven influenciados por los desarrollos jurisprudenciales de las demás áreas. La visión centrada en el proceso rompe con el aislacionismo. El proceso que Jean Paul presenta es un ente dinámico y ubicado en un contexto teórico e institucional; que es permeable por otras áreas del derecho e incluso otros estudios (como el análisis económico del derecho y la filosofía política), mientras al mismo tiempo influye a esas doctrinas y estudios adicionales  (e.g., la doctrina de los perjuicios inmateriales está influenciada por el derecho internacional de los Derechos Humanos, y las nociones construidas por el Consejo de Estado, como los “daños a la salud”, han sido aplicadas en la jurisdicción ordinaria).

En segundo lugar, el enfoque de la tendencia ortodoxa es más descriptivo que argumentativo. La dogmática tradicional se enfoca más en “aprender” las nuevas doctrinas jurisprudenciales que en entender y criticar las razones que subyacen y fundamentan tales posiciones normativas. Por ejemplo, en el caso en discusión, la constitucionalización es vista casi como un paso ineludible que debe darse para pasar a mejores tiempos, pero muy poco se dice sobre las razones que nos lleva hacia esa constitucionalización. En otras palabras, en la visión tradicional aún falta parte de la historia que nos explique, sin recurrir a una petición de principio, por qué la constitucionalización es algo valioso. La posición del autor sobre la constitucionalización del Derecho administrativo es más sofisticada. Jean Paul no se limita a descripción de un fenómeno, ni asume que el mismo es valioso y relevante; sino que, por el contrario, trata de hacer explícitas las razones y supuestos subyacentes que le dan valor a la constitucionalización. Además, mientras el dogmático tradicional casi nunca señala los costos y riesgos que implica una determinada posición; la postura del autor—debido a que se centra en argumentos—permite precisamente entender por qué nuestra preferencia está justificada, y nos señala los casos en los que debe ser abandonada o limitada, y las precauciones que debemos tomar para que el fenómeno no se desborde. Así, estos dos aspectos metodológicos nos revelan una imagen más completa del fenómeno, que nos conduce una valoración más informada. En ese sentido, Jean Paul está casi inaugurando valiosa alternativa al análisis dogmático tradicional: el estudio del derecho administrativo centrado en narrativas de procesos, razones y contextos.

Otra virtud de este tipo de análisis es que revela la verdadera naturaleza de la actividad judicial en ordenamiento jurídico constitucionalizado. La visión tradicional no permite apreciar claramente los debates subyacentes, pues sencillamente trata de acomodarlo en las categorías dogmáticas existentes. Pero en un sistema constitucional garantista donde los derechos reflejan ideales políticos y morales, y donde estos principios y morales irrigan las doctrinas administrativistas, entonces hay una conexión clara entre los principios políticos y morales y el Derecho administrativo ordinario. Así, la aproximación narrativista de Jean Paul, al hacer transparente la relación entre las norma administrativa y las normas político-morales que informan la Constitución, nos revela la verdadera naturaleza del debate subyacente en muchos de los casos difíciles que resuelve la jurisdicción administrativa: son debates sobre los principios políticos y morales que informan las relaciones entre los ciudadanos y el Estado. Así, en muchos apartes de la obra de Jean Paul el juez administrativo surge como el juez filósofo del que hablaba Dworkin. De hecho, la narrativa presenta una alternativa a la visión común del juez filósofo, que comúnmente se identifica con el juez que resuelve los grandes casos constitucionales. Pero en la obra de nuestro autor, el juez administrativo que resuelve los asuntos un poco más banales y ordinarios de las relaciones entre el Estado y los ciudadanos, está en realidad encargado de aplicar las normas que encargadas de los abstractos mandatos políticos y morales de la Constitución en directivas y políticas claras que influyen la vida del ciudadano. Es un filósofo ocupado de asuntos menos celestiales y más prácticos. Tal vez otra lección de la historia del nazareno, me atrevería a sugerir, es que para evitar nuevos retrocesos, el juez debe tomar más en serio su labor como filósofo y ver su proceso como un proceso de determinatio de principios morales y políticos más abstractos.

Para finalizar, debo decir que los anteriores comentarios son simplemente notas al margen de este excelente trabajo, bajo la idea de que una valoración objetiva es el mayor cumplido que se le puede hacer a una obra. Como se mencionó, hay muchos aspectos substantivos que merecen detallado análisis de nuestros doctrinantes y jueces. Son muy acertadas, sólo por mencionar un ejemplo, sus críticas de los topes indemnizatorios establecidos por el Consejo de Estado. Debo resaltar una vez más su innovadora narrativa basada en metáforas. Estoy convencido de que será una refrescante lectura para todos aquellos acostumbrados a la frialdad y parquedad de muchos de nuestros textos técnicos. Realizar este trabajo necesita de un esfuerzo de considerable paciencia, rigurosidad y talento, que además de conocimiento amplio de las tendencias del derecho administrativo, requiere también familiaridad con algunas de los últimos desarrollos en materia de filosofía del derecho y razonamiento jurídico. Jean Paul ha sido ese académico capaz de proporcionarnos con una comprensión suficiente de los aspectos teóricos y prácticos del problema. Sin duda, el presente libro que se me ha honrado prologar es una obra novedosa y sofisticada que debe ser tomada en serio por todo aquel interesado la evolución y el futuro del derecho administrativo en Colombia.

Jorge Luis Fabra Zamora
Hamilton, ON Canadá
Marzo 27 de 2015
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